Fundado en Silver Lake (California) por un emprendedor matrimonio, Sugar Lab comenzó realizando un pastel de cumpleaños para un amigo que no era posible hornear en un horno convencional. Con un pasado arquitectónico y una gran pasión por la geometría comenzaron a fabricar figuras en azúcar totalmente personalizadas con una impresora 3d. Cada pieza se imprime bajo pedido, y además de ser una forma única y espectacular de adornar cualquier pieza de repostería, representa un cambio en las tendencias culinarias actuales. Un ejemplo similar de estas nuevas tendencias es la llamada cocina molecular, de la cual Ferrán Adriá es nuestro mejor representante en este peculiar mundo, en el que la cocina deja de ser el simple hecho de alimentarse para convertir cada plato en una pequeña obra de arte.

Las intrincadas estructuras que Sugar Lab crea recuerdan a delicadas esculturas y porcelanas que desvelan la inteligencia y habilidad  que hay detrás de cada pieza única. Aún sabiendo que son piezas destinadas a desaparecer en el tiempo por su corta vida hábil, resultando casi decadente comerse una creación tan delicada y bella.

Las impresoras 3d se abren paso, de forma lenta pero firme en ámbitos de nuestra vida que unos años atrás no hubiéramos imaginado. Sugar Lab ha conseguido de una forma refinada y bella poder jugar con nuestra comida, algo que siempre nos dijeron que no se debia hacer…

 

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